Totan Kuzembaev: "No producimos nada, solo empaquetamos sueños"

Vladimir Belogolovsky conversa con el arquitecto ruso Totan Kuzembaev sobre la flexibilidad, la libertad en el diseño, y por qué incluso después de dirigir un exitoso estudio durante casi veinte años, sigue cuestionándose cómo hacer arquitectura.

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El arquitecto ruso Totan Kuzembaev (nacido en Kazajstán en 1953) no se limitó a hacer lo que se espera que haga un joven soviético tras su graduación en el Instituto de Arquitectura de Moscú, MArchI, en 1982. Trabajar en un instituto de diseño gestionado por el gobierno, proyectando los típicos bloques de viviendas y fábricas no era suficiente para él, por lo que complementó su salida laboral utilizando su desbordante imaginación y su excelente capacidad de dibujo para participar en todo tipo de proyectos paralelos que nutrieron su conocimiento.

Tras su graduación, Kuzembaev participó con éxito en los entonces populares concursos de ideas arquitectónicas Shinkenchiku, organizados por la revista Japan Architect. Uno de sus proyectos, Bastion of Resistance (Bastión de la Resistencia), presentado junto a su compañero de MArchI, Andrei Ivanov, obtuvo un primer premio en 1983.Otros de sus proyectos también recibieron premios y menciones dentro del concurso. A finales de esa década, comenzaron a agotarse los proyectos encargados por el Estado y Kuzembaev empezó a trabajar realizando instalaciones artísticas experimentales con materiales de segunda mano y todo tipo de residuos de la construcción. Esto le ayudó a sobrevivir en los tiempos más difíciles. La originalidad de sus obras -propuestas para un futuro urbano idealista- llamó la atención de varias galerías de arte y fue invitado a presentar sus instalaciones en todo el mundo. Sin embargo, el triunfo de Kuzembaev como artista nunca hizo vacilar su compromiso con la arquitectura.

Tras la caída de la Unión Soviética, Kuzembaev recibió pequeños encargos privados -chimeneas, muebles, escaleras e interiores-. Con el tiempo, la escala de sus proyectos comenzó a crecer y en 2002 abrió su propio estudio de arquitectura. Lo que sigue es una parte de nuestra reciente entrevista realizada por vídeollamada de WhatsApp (entre Nueva York y el apartamento de Totan Kuzembaev en Moscú); hablamos de sus convicciones sobre la flexibilidad, sobre la creencia de que, al igual que sus ocupantes, los edificios deben cambiar con el tiempo, sobre su requerimiento de restricciones frente a la excesiva libertad, sobre la necesidad absoluta de hacerlo todo a su manera y sobre que, incluso después de dirigir un exitoso estudio durante casi veinte años, aún sigue cuestionándose cómo hacer arquitectura.

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Cote d'Azur / Totan Kuzembaev. Imagen © Ilya Ivanov

Vladimir Belogolovsky (VB): Sus casas no se parecen a ninguna otra obra. Por un lado, generan ciertos imaginarios -recibiendo apodos como Gusano Luminoso, Telescopio, Pez, Dragón y Puente- y por el otro, son bastante abstractas, indefinidas y algo inacabadas. ¿De dónde vienen todas estas ideas?  

Totan Kuzembaev (TK): Más que nada, me inspiran las personas, es decir, mis clientes, los constructores y mi equipo en la oficina. Juntos estudiamos el lugar, por dónde sale el sol, por dónde se pone, identificamos las vistas interesantes, la topografía. Quiero saber por qué el cliente compró el terreno: por un árbol bonito, un estanque, una pendiente, etc. Para mi es imposible pensar una casa sin considerar la relación con el lugar. Cada casa crece gradualmente a partir de su emplazamiento y su función. Una casa no puede ser pretenciosa, debe ser funcional y construible. Por tanto, su forma nunca se proyecta como algo abstracto. Todas nuestras casas están deformadas por algún motivo y son muy específicas: en un lugar rodeamos un pino, en otro intentamos incorporar una pendiente, y así sucesivamente. La imagen viene por sí sola y de forma inconsciente. Los apodos se los ponen a menudo los obraros durante la construcción cuando las formas empiezan a emerger. Trabajo mucho desde mi subconsciente y a menudo es imposible predecir qué pensamientos entrarán en mi mente.

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House K / Totan Kuzembaev. Imagen © Ilya Ivanov

VB: Pareciera que usted es muy consciente del daño que la industria de la construcción puede generar en la naturaleza. Como usted una vez dijo: "El mejor arquitecto es aquel que no hace nada, cualquier edificio es un acto de violencia contra la naturaleza" ¿Podría profundizar sobre esto?

TK: Absolutamente. Se lo digo a todo el mundo: el mejor arquitecto es un arquitecto muerto. [Risas.] El “arquitecto de papel” es ideal porque nunca construye nada. La naturaleza puede vivir sin nosotros, pero nosotros no podemos existir sin la naturaleza. Yo, por mi parte, intento trabajar como un médico, evitando hacer daño. Sé que es imposible, pero intento hacer una arquitectura con impacto mínimo, sobre todo utilizando materiales naturales.

VB: Usted dijo una vez: "Una casa debe cuidarse como un niño". Como un niño, como una flor, como un árbol. En otras palabras, usted no persigue una imagen específica como meta, sino que deja que las cosas “crezcan”. ¿Se podría decir que construir una casa es responder a retos muy concretos, el lugar, el cliente, la función, los materiales y, por supuesto, su imaginación?

TK: Se podría decir eso. Una casa crece como una planta que hay que cuidar durante mucho tiempo. Creo que es por eso que algunas de mis casas parecen inacabadas. Siguen creciendo y cambiando después de ser habitadas por mis clientes. Estoy en contra de la idea de que las casas deben permanecer inalteradas. Muchas de nuestras casas se amplían. Eso me gusta. Además, mis casas suelen ser de madera, un material que cambia con el tiempo. Es algo muy natural y maravilloso: una persona cambia y su casa también. La persona se hace más sabia y la casa acompaña a la persona. Algunos clientes no lo entienden. En ese caso, si no quieren que cambien, tendrían que cuidar muy bien de sus casas, como hacen con sus yates, por ejemplo. Al igual que un yate, una casa tendría que lijarse, barnizarse, etc., dos veces al año. Sino, otra forma de conseguir un envejecimiento perfecto es poner la casa en una vitrina. A mí me parece que los cambios son necesarios. También, cuando a una persona le queda pequeña su casa o al nuevo propietario no le gusta por la razón que sea, ¿por qué no derribar la anterior y construir una nueva? Esa debería ser una decisión y una libertad del propietario.  

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Manor Klaugu-Muizha / Totan Kuzembaev. Imagen © Ilya Ivanov

VB: Usted una vez dijo que "La arquitectura es como una persona: nace, vive y muere". En otras palabras, una vez que una casa ha cumplido con su tiempo de vida, tiene que morir. Luego, otra persona vendrá y construirá una nueva.

TK: Eso es exactamente así. Así es como concibo mis casas. Igualmente, a la vez, también tengo encargos de nuevos propietarios que me piden que restaure casas originales que yo diseñé y construí hace años. Ellos quieren resucitar su estado original y para mí eso también es válido.

VB: Una vez señaló: "Si quiere desconcertar a un arquitecto, déjalo libre. Si a mí me dijeran: haz lo que quieras, yo no sabría por dónde empezar. No habría nada a lo que aferrarse. No habría nada por lo que luchar". Eso significa que usted cree que la arquitectura es una lucha; ¿una lucha con quién o con qué? 

TK: La arquitectura más interesante se produce cuando encontramos soluciones inesperadas en situaciones desesperadas. Ahí es donde veo la misión más importante de un arquitecto. Si simplemente hay que poner una casa en medio de un campo sin ninguna restricción, yo creo que no saldrá nada interesante. La arquitectura es una reacción a un reto concreto, al deseo de un cliente o a las particularidades del lugar. La plasticidad arquitectónica surge como respuesta a una tarea concreta. Cualquier condición es una pista para el arquitecto. Se puede hacer casi todo sin una pista. Personalmente, yo me pierdo. Lo más importante son las preferencias materiales y el presupuesto disponible. Un arquitecto no puede trabajar como un artista. Más bien, nosotros parasitamos las ambiciones de nuestros clientes y, al mismo tiempo, nos deleitamos con lo que hacemos a su costa. [Risas].   

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Manor Klaugu-Muizha / Totan Kuzembaev. Imagen © Ilya Ivanov

VB: Cada cliente tiene un deseo particular, pero los arquitectos tienen su propia agenda. Como usted dijo: "¡Si supiera con qué basura se originan mis ideas!".

TK: Sí, doy fe de ello. No tengo ni idea de cómo ocurre. Hay un gran desorden en mi cabeza. Tengo una conferencia que he llamado "Sección transversal de un arquitecto" donde comento que si cortas a cualquier arquitecto por la mitad, encontrarás todo tipo de basura ahí dentro. Lo importante es ser capaz de mirarse a sí mismo e indagar. Siempre es posible encontrar algo útil. Todos los proyectos evolucionan de forma diferente, y es difícil predecir cuánto tiempo se tardará en llegar a una solución. No hay reglas ni recetas. Durante mis conferencias, al hablar de una determinada cronología de proyectos, surgen imágenes de proyectos paralelos, dibujos, o incluso diversos acontecimientos de mi familia, no relacionados con el trabajo porque creo que todo eso forma parte de mi proceso creativo. Por ejemplo, ahora mismo estamos hablando y estoy dibujando algo en el papel porque no puedo evitarlo. Siempre estoy dibujando. Puede que me despierte por la noche y me ponga a dibujar. Me han pedido que diseñe un campanario provisional para que utilicen los feligreses mientras se construye una nueva iglesia. Ahora estoy dibujando una estructura con columnas que sostienen un tejado redondo. Estoy dibujando inconscientemente y no puedo evitarlo.

En la arquitectura, como en todas las artes, hay que seguir creando cosas nuevas. Es como en la ciencia: hay que descubrir cosas, hay que avanzar, aunque sea un solo paso. Repetir algo es aburrido. Es lo mismo que comprar diferentes objetos para una casa y limitarte a ordenarlos. Eso no es interesante. A mi me interesa idear algo por mi cuenta.

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Yacht Office / Totan Kuzembaev. Imagen © Ilya Ivanov

VB: Usted estudió y empezó a practicar la arquitectura durante la época soviética, cuando la disciplina estaba orientada a la producción en masa y muy pocos arquitectos eran capaces de crear edificios icónicos. Sin embargo, desde el principio buscó oportunidades para expresar su individualidad. Es algo inherente a usted, ¿no?  

TK: Por supuesto. No tengo explicación para ello, pero siempre he querido hacer todo a mi manera. Incluso cuando creaba relieves egipcios para interiores residenciales, siempre añadía elementos de la vida moderna que sólo se notaban al examinar las cosas de cerca. Recuerdo que una clienta nos dijo que su astrólogo le había advertido que los textos antiguos pueden esconder significados impropios. Así que la acerqué mucho a esas inscripciones y lo que a ella le parecían jeroglíficos, de repente se manifestó como un collage caótico, montado con tenedores torcidos, cucharas y piezas aleatorias de teléfonos viejos y todo tipo de desorden.  

VB: Como dijo una vez: "Vendemos aire".

TK: Es cierto. No producimos nada, solo empaquetamos sueños.

VB: También usted señaló: "Sigo siendo un estudiante. Aprendo todo de todos".

TK: Eso también es cierto. Todavía no estoy seguro de nada. A pesar de los muchos años de experiencia estoy lleno de dudas. Aun así, continúo mi búsqueda y trato de hacer todo de una manera nueva en cada oportunidad. Cuando trabajo en nuevos proyectos, siempre me pregunto: "¿Será tomado en serio o hará reír a la gente?".

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Sobre este autor/a
Cita: Belogolovsky, Vladimir. "Totan Kuzembaev: "No producimos nada, solo empaquetamos sueños"" [“We Produce Nothing; We Package a Dream": In Conversation with Totan Kuzembaev] 13 mar 2021. ArchDaily México. (Trad. Maiztegui, Belén) Accedido el . <https://www.archdaily.mx/mx/958082/totan-kuzembaev-no-producimos-nada-solo-empaquetamos-suenos> ISSN 0719-8914

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